The True Wine Stories

Categories:  La Pagina Del Buen Entendedor

Cuántas veces escuchamos, presenciamos y hasta reproducimos conceptos erróneos que parece que el tiempo no han modificado. Relatos que atraviesan océanos, generaciones y dificultades de solidez. Cómo y por qué la superstición se hace amiga del hombre y cómo y por qué la reproducción de estas visiones ficticias forman parte de la misma cotidianidad… EL mito al que me refiero es ese dicho popular que viene de la información escrita, o de relatos orales que interfiere hasta convertirse en una verdad insoslayable tan firme como la Muralla china. El vino no escapa al encanto de las leyendas populares y a interferencias de oradores populares que convierten sus dichos en superstición.

Uno de los mitos más arraigados en la cultura popular argentina es la muerte por ingesta de sandía mezclada con vino. El resultado de esta ingesta no los llevará a la tumba como muchos piensan, o sea no te morís por comer esa fruta con vino, tal vez el retrete sea tu castigo por ingesta desmedida, en el peor de los casos no saldrán del baño por un día entero… pero no me hagan caso, esto último que digo también es un mito.

Otro de los mitos populares habla de que cuanto más viejo un vino, mejor. Este mito es tan tautológico como esta afirmación repetida “un vino cuanto más viejo más anciano” o también podemos decir “un vino cuanto más viejo…mejor será su bouquet”. A ver, un vino viejo está pasado de su ciclo pleno de aromas, se lo puede tomar pero su color, sus aromas, nos delatarán que ya pasó su tiempo de vigencia. La tendencia actual de las bodegas es a que salgan ejemplares de vinos para ser degustados en un tiempo no mayor a tres o cuatro, a lo sumo, años de guarda, siempre hablando en el caso de un vino tinto; en el caso de los blancos, esta afirmación de la vejez del vino es incómoda ya que un vino blanco expresa su potencial de sabores y aromas en su juventud, ni bien sale a la venta. Todos los aromas primarios típicos de las variedades blancas decaen con el tiempo, por lo que es mejor consumirlos al año o a los dos años de la indicación de la añada, salvo en aquellos estacionados en barricas. Nuestro país no se caracteriza por tener vinos de guarda al estilo europeo, que pueden tener 10 años de guarda, 15 años y más…

Hay un mito que dice mientras más caro un vino, mejor. Hipotéticamente cierto, realmente, falso. Cada empresa, bodega, posiciona sus vinos en franjas de consumo. Este ordenamiento muestra que un vino de una franja baja es distinto al vino de gran reserva. Es cierto, pero la relación precio-calidad es nuestra fortaleza como país en la producción de vinos de calidad, y se encuentran excelentes ejemplares en franjas económicas como también vinos de precio elevado intencionalmente posicionados por la bodega por una cuestión de competencia, marketing, con otras bodegas o como vidriera de ejemplares únicos al mercado internacional.

También tenemos esta afirmación, mítica como pocas, los mejores vinos son los que llevan roble. Es cierto que el roble es un buen amigo del vino tinto. Ahora bien, no de cualquiera ni de cualquier calidad de vin rouge. Hay distintos tipos de roble y distintas maneras de modificar, trastocar , mejorar o empeorar gracias al roble o sus diminutos parientes: duelas, chip, polvo de roble y demás maderulas. El tiempo de guarda, condiciones generales de temperatura y humedad de la cava son importantes para que un vino alcance cierto vibrar en boca. No hay que olvidar que el acero inoxidable ocupa en las bodegas un lugar preponderante tanto en la fermentación del vino como en la preferencia de cierto vino que el consumidor elige, por ejemplo, si la elección es de vinos frescos, ligeros, frutados, de aromas primarios que resalten la tipicidad varietal de la uva por sobre aquellos que demarcan cierto bouquet de aromas complejos (vinos que precisan de más espera, y que aún así no siempre llegan a su plenitud).

El último mito trata de la temperatura del vino, ni tan frío ni tan caliente. En el caso de los vinos tintos la temperatura no es igual en un tinto joven, cuya temperatura puede servirse a unos 12 grados, comparado con un gran vino tinto que posee una concentración tánica y un bouquet evidente, y que puede tomarse a una temperatura de servicio de 16 a 20 grados. En el caso de los vinos blancos la temperatura también depende del tipo de vino que se va a servir; en vinos blancos secos jóvenes la temperatura de servicio oscila entre los 9 y los 11 grados, y en grandes vinos blancos con paso por barrica, por ejemplo, la temperatura deseable ronda los 12 grados.

Otros peculiares mitos del vino:

Número uno: Nunca intentes convencer a un amigo de que el vino tiene atributos benéficos para su salud, si en este momento está tomando una cervecita en lata caliente, de seguro intentará convencerte de lo fácil que puedes terminarte un pack de 12 latas en 9 minutos.

Número dos: Está muy bien aprender y comunicar, y que se conocimiento llegue a oídos de quien más lo necesita, pero es importante entender que una hora y media hablando de taninos y otros polifenoles puede ser irritante, poco estimulante y quizás aburrido por que así no se levantan minas…

Número tres: Entre la vida y la muerte existe un intermedio que es el Hombre. Entre el hombre y la mujer puede existir un sentimiento que se llame amor. Entre el amor y el odio un hilo muy delgado. Entre el agua y el vino existe un mar de diferencias y similitudes, sino pregunten a su enólogo amigo.

Número cuatro: Las preguntas son en muchos de los casos disparadores de una fuerza inusitada, fuerza que nos nutre, cultiva o nos alerta pero este no es el caso de estas preguntas que ni te gastes en contestar por su ridiculez, como, por ejemplo: ¿este se cree que porque tiene una Ferrari me va a decir a mí lo que tengo que invertir en la bolsa? o ¿existirá vida inteligente cruzando la General Paz? o ¿cuántos pares son tres botas? O, también, ¿se puede creer en algo que esté adentro de una botella?…

Número cinco: Si tu mejor amigo te dice que te quiere mucho y te abraza, no le creas estás en presencia de un bebedor empedernido que sólo quiere apoyarse a algo firme, si tu mujer te mira y te dice que le gustó mucho el vino que probó la noche del sábado, seguro se trate de un licor de café, que tenías como último recurso cuando se acabó la última botella de vino. Si tu remera se manchó en el cumpleaños de un compañero de trabajo con un pinot noir digno de elogio, no te gastes en sacar la mancha coincidirá con el viejo refrán “que le hace una macha más a un tigre”.

Autor: Ariel Rizzo

Contacto: entendedor_vinos@hotmail.com

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