Jun 20, 2007
Finca la Anita nació a comienzos de la década de los ´90 con la “idea, casi obsesión”, de “poner en práctica, inflexiblemente, el intento de cultivar uvas de la mejor calidad, seleccionar de cada cosecha los mejores frutos y, dentro de la finca, evitando traslados que deterioran, eligiendo los momentos más oportunos de cosecha y acompañando a las uvas en todo su itinerario, producir nuestros vinos”, según dice la presentación oficial de la empresa. Lo explica Manuel, el ingeniero y factótum comercial de la Finca: “No es un negocio de rentabilidad sino de placer personal y, en todo caso, de valoración de inversión. Nuestro objetivo fue siempre hacer entre 100.000 y 120.000 botellas de vino top por año y de ninguna manera vamos a modificarlo.” A poco andar, Finca La Anita comenzó a merecer encendidos elogios de crÃticos -locales y extranjeros – más exigentes, posicionó sus vinos entre los mejores nacionales y consiguió sólida presencia en Estados Unidos, Gran Bretaña y España. Y todos eso lo mantiene hasta ahora sin baches. ¿Cómo lo hace? “Lo principal es estar compenetrado en el objetivo a alcanzar; para ello es fundamental la calidad de la uva, la forma en que ella llega a la bodega y el trazado enológico elegido para realizar el vino pensado!, responde Antonio, ingeniero agrónomo y enólogo. Pero si el párrafo anterior sugiere la coincidencia con los atributos que la Academias confiere al adverbio más, surge aquà la oposición expresa. Al común de los empresarios, semejante éxito suele impulsarlos a pensar en el crecimiento del negocio. La pregunta casi obvia es si los Mas han sucumbido ante esa tentación: “Rotundamente no”, asegura Manuel y agrega: “Por más que tentarse sea inevitable, si aumentáramos la producción, perderÃamos el control y afectarÃamos la calidad. Hoy Antonio está en la finca hasta los domingos”. “No vamos a cambiar aun cuando estemos sobrevendidos, como nos sucede casi todos los años, por ejemplo, en noviembre del año pasado terminamos de vender los tintos de la cosecha 2001 y estuvimos sin tintos hasta abril, porque Antonio decÃa que debÃan esperar un tiempo más en botella”, insiste. Manuel sostiene que, en realidad, asà es el negocio de las pequeñas bodegas en todo el mundo, aunque en la Argentina se hayan puesto de moda y sean percibidas por muchos emprendedores como una alternativa interesante de rentabilidad. “El negocio de rentabilidad es para las grandes bodegas, las que hacen cinco millones de litros por año” afirma. Finca La Anita tuvo el año pasado un ingreso de 2,34 millones de pesos, de los cuales aproximadamente 20% provino del mercado externo, y espera resultados similares para este año. Manuel subraya que tiene una lista de precios única para todo el mundo, cuyo parámetro es el precio del mercado interno.