Brindemos por el accidente
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Tags: Brindemos, hombre, policía, resto, tapa, vino
Una mujer y un hombre se ven envueltos en un terrible accidente automovilístico.
Los autos quedan totalmente destruidos, pero sorprendentemente ninguno sufre heridas.
Luego de salir dificultosamente del auto, la mujer dice:
- Entonces, usted es un hombre, que interesante, yo soy una mujer! WOW!
Mire nuestros autos, no quedo nada, pero por suerte estamos vivos. Esto debe de ser una señal de Dios para que nos conociéramos y vivamos juntos el resto de nuestra vida.
-Estoy completamente de acuerdo con usted –dice el hombre- esto debe de ser una señal.
La mujer continúa:
-Y observe esto, he aquí otro milagro: mi auto esta completamente destruido pero la botella de vino que llevaba nos se rompió. Dios quiere que la tomemos y festejemos nuestra buena suerte.
Entonces, le da la botella. El caballero asintiendo con la cabeza, la abre y le da varios tragos largos. Luego se la devuelve. Ella toma la botella y rápidamente le pone la tapa y se la devuelve al hombre. El sorprendido le pregunta Que usted no va tomar? A lo que la mujer, le contesta:
-NO, creo que voy a esperar hasta que llegue la policía

Español de nacimiento, se hizo ciudadano norteamericano (país en el que reside desde los 10 años) y hace poco realizó una inversión millonaria en Mendoza. Las expresiones de Enrique Foster tienen particularidades llamativas. Compró 12 hectáreas en La Carrodilla, pagándolas por metro cuadrado porque es una zona residencial (están ubicadas 800 metros al Sur de El Calvario) y lo hizo en un principio por “un capricho” en razón de que se enamoró del vino malbec.


Recién recibà un email con esta nota que me pareció muy interesante compartirla. Descorche se llama a la opción de llevar nuestro propio vino a un restaurante (donde generalmente se cobra este servicio). Para el local esto es toda una posición polÃtica, también conocida por sus siglas en inglés como BYOW (Bring Your Own Wine, o traiga su propio vino). Costumbre no muy difundida en Argentina, aunque bastante usual en lugares como Francia, Estados Unidos y Canadá. Dado que acá es algo relativamente extraño, las reglas suelen no estar del todo claras y en consecuencia la práctica genera más de un malentendido. Aunque está lleno de alegrÃas, el descorche también implica un fuerte desafÃo para la casa y en particular para el sommelier. Le exige estar al tanto de un universo de vinos mucho más amplio que el de la propia carta. Y como en general la gente descorcha vinos atesorados de cosechas bastante antiguas, no son pocas las veces que les toca dar malas noticias. Cuando un vino trae algún defecto hay que respirar hondo prepararse para la decepción de su dueño, como un padre que esperaba la nena y otra vez le tocó un nene. Otras veces el sommelier puede ayudar a evitar errores que el comensal inexperto en su casa podrÃa convertir en catástrofes. Si la transición está bien llevada, el descorche beneficia a las dos partes, restaurante y comensal. Los primeros tienen oportunidad de atraer a gente que es aficionada al vino y que les hará probar etiquetas y cosechas desconocidas. Además, ese grupo de “descorchadoresâ€, muchos de ellos coleccionistas, periodistas y colegas del ambiente gourmet, es gente que los mantendrá al tanto de lo que hay en el mercado, una especie de consultorÃa permanente y gratuita. Todo esto sin tener en cuenta que el sólo hecho de ofrecer descorche ayuda a difundir el restaurante por los comentarios de boca en boca. A nivel financiero la pérdida de ingreso por la venta de vino se recupera parcialmente con el cobro del servicio, pero además el descorche permite reducir el capital inmovilizado en los vinos de la bodega, cuya salida al salón es incierta. En principio, las desventajas de oponerse al descorche se relacionan con la ausencia de las ventajas que acabo de comentar. Eso en tanto la competencia, es decir, el resto de los restaurantes de la zona, no incluya el servicio. De ahà en más, no ofrecer descorche es, lisa y llanamente, una desventaja competitiva.